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jueves, 5 de marzo de 2009

De Bariloche a Bolson



Corría el final del invierno del 2008, en una bella tarde que permitía a los pobladores salir fuera de sus casas para empezar sus labores en el campo, preparándose para la temporada estival y arreglando los destrozos que el invierno dejo tras de si, cuando Don Américo Mol levanto la vista del alambrado que estaba colocando, y, boquiabierto , los ojos bien abiertos, posó su mano sobre el hombro de su hijo haciéndole dirigir la mirada hacia esa insólita visión que no estaba seguro si lo estaba viendo o soñando…. De valle arriba, donde según lo que el conocía, no había mas que el largo y vasto río Chubut, que nacía a muchos kilómetros de distancia, bajaban cinco siluetas de apariencia humana que cuando vieron un cuero de chivo recién carneado oreándose soltaron los pesados bultos que acarreaban a la espalda, estiraron la espalda cual gatos mientras hacían un barrido visual del terreno que les rodeaba buscando al autor de esa carnicería.

-Buenas tardes, Américo Mol, nos saludo mientras extendía la mano, ojiplático, examinando a los recién llegados y únicos visitantes que veía en mucho tiempo.

-Buenas tardes Don Américo, saludo Víctor, guru de nuestra expedición, preparándose para la explicación que sin duda tampoco dejaría nada en claro al poblador.

-Venimos desde Bariloche, continuo hablando, llevamos seis días de marcha con esquíes y nos quedamos sin comida…

No había mas nada que decir, es mas, al gaucho le sobraban ambas explicaciones. La soledad prolongada de esta gente les allana el cerebro y les hace perder curiosidad, pero no perspicacia para darse cuenta que mientras le contábamos nuestra peripecia por las montañas, nuestros ojos miraban ora la cara de los paisanos, ora el pellejo de chivo que colgaba de la puerta de su casa.

Y así fue que tuvimos el primer asado de toda la expedición, al que solo le falto vino. Vino que a don Américo y su hijo les faltaba hacia mas de un largo mes; así nos relato entre lágrimas cuando le interrogamos acerca del preciado líquido.

Hacia ya mucho tiempo que Víctor tenía la idea de llegar de Bariloche a Bolsón en invierno y con esquíes de travesía, cosa que, al parecer, no había hecho nadie todavía. Estos dos pueblos distan 130 km por la ruta 40 y unos 15 autobuses que tardan dos horas en unir ambos puntos amen de otros vehículos particulares, la recorren a diario. Nosotros, al adentrarnos en las montañas al Este de esta ruta, hicimos unos 220 km, nos cruzamos unas siete familias ya a partir de la zona baja del valle del Chubut y tardamos nueve días. Que pelotudos…..puede ser un lógico razonamiento de todo esto que cuento; pero la verdad, que cuando Víctor nos propuso tal aventura, nos llamo a los cuatro que le íbamos a acompañar poderosamente la atención. Si, una aventura, con todo el significado de la palabra, decidiendo cada día por donde ir, donde acampar, por donde cruzar los ríos….sin indicaciones previas, por lugares que no frecuento humano alguno en invierno. Todo esto, comenzando a 20 km de casa…. que grande es la Patagonia.

El equipo lo formamos Víctor, el veterano de 55 años, German, un divertido personaje entre humano y jabalí, Alan, nuestro pendejo a punto de cumplir 18 años, Silvia, de aspecto femenino y fuerza de hombre, y el que escribe, Iñaki.

Comenzamos la travesía el 11 de Septiembre (en el aniversario del golpe de estado contra Allende….que otras cosas pasaron antes de las torres) en el maravilloso bosque de lengas del Challhuaco, con comida para unos 6 días (tiempo max estimado) y energía para muchos mas. El día se presentaba bueno, un lindo sol nos acompañaba todo el camino permitiéndonos además cada vez que alcanzábamos un colladito tener una extensa vista con la que orientarnos hacia donde debíamos ir. Pese a todo esto, las esquiadas hacia abajo fueron torturas…una nieve de mierda en un denso bosque con mas de 20 kilos a la espalda nos hicieron caernos mas que en toda la temporada invernal. Fue así como llegamos al alto del rió Ñirihuau para pasar la primera noche.

Al día siguiente tuvimos que caminar unos 500 metros antes de ponernos los esquíes en los pies para tener que sacárnoslos unas 15 veces en los siguientes 3 km por los vadeos de arroyos. El clima seguía acompañando y la nieve, endurecida durante la noche era ideal para un rápido avance hacia el sureste, buscando alcanzar el río Pichi Leufu. Una vez llegado a éste, hubo que vadearlo porque íbamos a remontarlo siguiendo la margen derecha. Dicho y hecho, esquíes y botas a la espalda, pantalones arremangaos y…..agua por las rodillas al atardecer. Que linda sensación….por suerte, encontramos algún árbol seco para poder hacer un fuego y secarnos y cenar tranquilos.

Levantamos el campamento a las 9 de la mañana, como cada día, entre la segunda ronda de mates, para encaminarnos valle arriba siguiendo el Pichi Leufu. Un largo y amplio valle cubierto por ñirantales en el que, según avanzábamos, íbamos notando como nos alejábamos cada vez mas de toda huella humana, encaminándonos hacia lugares que por unos días, no íbamos tampoco a ver huella alguna mas que de ciervos, jabalíes, liebres y pumas. Todo el día de marcha nos llevo aproximarnos hasta el collado que separa este valle del valle del rió Chubut. Bajo ese paso, todavía con la protección del bosque fue donde plantamos nuestro tercer campamento. Éramos un grupo que funcionaba perfectamente, en poco menos de 30 minutos, habíamos aplanado un terreno en la nieve para armar las carpas, con otro para armar el fuego e incluso un camino pisado (ya que a la noche nos movíamos con zapatillas) para ir a un arroyo a por agua y habíamos juntado leña suficiente para secar las botas y cenar fuera de las carpas, bajo el cielo estrellado.

Tras recoger el campamento al día siguiente, con el calor y empuje que te da el primer mate de la mañana, encaramos el collado. Unas vistas espectaculares fue el regalo cuando llegamos hasta arriba. Eso, y la bajada que nos aguardaba hacia el otro lado, con nieve en buenas condiciones y un sol increíble. Este fue el único punto de la ruta donde, esporádicamente, tuvimos señal de celular. Preparamos un mensaje diciendo que estábamos bien, esperamos durante unos minutos moviendo el celular de un lado para otro, como los zahories, que buscan agua con su vara y cuando una rayita apareció en la pantalla, zas, lo mandamos y nos dispusimos a disfrutar la bajada. Bajamos bastantes metros para luego continuar valle abajo a media ladera, sin perder altura por la margen izquierda del Chubut. Ahí le acertamos, ya que haber seguido el rió por su orilla se hubiera convertido en largo y tortuoso, porque enseguida se quedaba sin nieve y hacia vueltas y revueltas en su camino valle abajo, como desde arriba podíamos observar. Esa noche la pasamos bastante altos todavía, no queríamos perder altura aunque sabíamos que era inevitable, antes o después nos quedaríamos sin nieve. Mucha polenta con poca cosa y un buen fuego amenizaban nuestra conversación a la hora de cenar.

Continuamos a la mañana siguiente todo lo que nos fue posible por las laderas nevadas, pero finalmente, llegó lo que todos temíamos, fuera esquíes y botas, había que añadir esos kilos (que no son pocos) a la pesada mochila que mas por desgracia que por suerte pesaba menos que a la salida por nuestra escasez alimentaria. Teníamos que bajar, y teníamos que hacerlo rápido, no teníamos comida (a excepción de unas barritas de cereal y poco mas), la mochila pesaba mucho y no sabíamos donde encontraríamos el primer lugar para avituallarnos de algo. Fue así, que con la espalda dolorida, desde todavía muy lejos, divisamos unos álamos valle abajo; señal inequívoca de asentamiento humano y por lo tanto, comida. Así funcionaba ya nuestro cerebro, con razonamiento Pauloviano, así es el hambre….En este caso, ver un álamo y babear automáticamente como si fuera el árbol lo que te vas a comer. En ese instante el cerebro dejo de mandarnos la señal del dolor de espalda para permitirnos llegar rápidamente a nuestro objetivo, ya habrá tiempo de doler, pensó por si mismo… Llegamos a la velocidad del viento (que en Patagonia es mas rápida que la luz) y nos empezó a doler la espalda todo lo acumulado al ver que no había nadie viviendo allá…estábamos muy arriba todavía. Nos relajamos, compartimos las ultimas barritas que nos quedaban, miramos el mapa (como si escondiera un trozo de carne) y tomamos fuerza (mas moral que física) para seguir caminando hasta encontrar algún poblador. Casi dos horas después divisamos el cuero de chivo de don Américo Mol, arriba mencionado. Nuestro salvador, este afable gaucho que vivía allá arriba solo con su hijo sin comunicación durante el invierno y casi tampoco durante el verano.

No fue mucho lo que comimos la noche anterior, pero era lo que había, un pedazo de carne que normalmente no alimenta a mas de dos personas, que nos lleno no tanto el estomago como el espíritu. Igualmente, nos renovó las fuerzas y nos hizo darnos cuenta que se nos imponía otro objetivo, mas importante si cabe que el inicial de la travesía, buscar alimento. Bajamos y bajamos el valle con todo el peso en la espalda y en una bifurcación de caminos, la cagamos, nos fuimos donde no era, subiendo ya para acabar el día una larga cuesta que en solo dos zetas trepaba más de 300 metros verticales. Una vez arriba nos dimos cuenta de nuestro error, pero como se dice, no hay mal que por bien no venga. Decidimos continuar hasta encontrar algún poblador para llenar un poco la tripa (objetivo ahora principal) para pensar en como retomar el camino (objetivo ya secundario). Así fue que en 30 minutos mas, encontramos una casa en la que vivía un simpático matrimonio de edad mas que avanzada, o así indicaban los profundos surcos de sus caras. Esta gente había vivido siempre allí arriba. Comentaban que de vez en cuando (una vez al año mas o menos) bajaban a caballo hasta el fondo del valle donde había un teléfono de una escuela y podían llamar un auto que unas horas mas tarde les dejaba en el Maiten (pueblo mas chiquito aun que Bolsón). De otra forma tenían un viaje a caballo de un largo día.

- Buenas tardes, ¿tendrán algo, lo que sea, de comer? Preguntamos al paisano mientras observábamos con expresión depredadora las gallinas y pavos que correteaban por allá alejándose de nosotros como si se dieran cuenta que los veíamos desplumados y en la mesa.
- Siiiiii, como no! Pasen no ma´ que algo vamo´ a encontra´.

Allí nos presento a su señora que precisamente estaba horneando un pan en la cocina de leña con la que calentaban el hogar y hacían la comida. Ella era incluso más pequeñita que él. Metro y medio no debían alcanzar entre los dos, pero rebosaban simpatía y hospitalidad. Allá nos sentamos un largo rato mientras cebaba mates el y nos alimentaba con tortas fritas ella. Después de ese rato, comenzamos a interesarnos sutilmente por las gallinas y pavos que habíamos visto corretear y algún que otro animal que, seguramente, no habíamos visto. Nos comento que tenía chivos, que pena que no llegamos antes porque estaban ahí cerca de casa y que nos hubiera carneado uno. Al pobre viejo no le daba el cuero para subir a casadios a por el bendito chivo, así que seguimos indagando por el lado ave-cazuela. Una rica tortilla de 6 huevos de distintas aves con el pan recién horneado por la señora fue una de esas imágenes que pese a ser fugaz (debido a nuestra voracidad) se te quedan grabadas para siempre y salvo el pellejo de esas lindas aves. Les pagamos lo que (según nos dijeron) creíamos que valía –mas de lo que ellos pensaban y menos de lo que un comerciante-garca-barilochense hubiera cobrado-, pesamos las mochilas, ya que tenia una bascula para pesar chivos, constatamos el porque nos íbamos rompiendo la espalda ya que la que menos (Silvia) llevaba 20 kilos y Alan y yo 27, y nos dispusimos a continuar el camino en busca de mas comida, esto había sido un aperitivo.

La siguiente casa que encontramos era un terreno grande que, como nos contó el paisano, era de una cooperativa de El Bolsón, y a él, con su señora, le tenían de cuidador ya que se dedicaban a la plantación de pinos (especie exótica acá) para sacar madera. Casualidades (pensamos nosotros) o destino (pensó la señora) que el tipo este y German se conocían de haber hecho obras en el Bolsón, ya que German es ingeniero de la DPA (Dpto.Prov.de Aguas) e hizo alguna que otra con el susodicho.

Así fue que ese día decidimos acampar allá mismo, en el terreno de Sandra y….ya que desde allá nos mostró un sendero que bajaba directo al rió Chubut y al otro lado podíamos tomar el camino que debíamos haber cogido este día. Además nos invitaron a cenar, lo cual era razón mas que suficiente para soltar pesadamente los armarios que portábamos.

Esa noche cenamos (yo al menos) como bestias, tres platos hasta arriba de arroz, papas, algún pedazo de carne y otras verduras me dejaron muy por encima de saciado. Pensando cuando iba a ser el siguiente bocado caliente que probaría puse todo mi empeño en hacer el anaconda.

La operación anaconda continuo al día siguiente por la mañana desayunando mate con tortas fritas; tantas que ya la glotis no cerraba, había que empujar con un palo para hacerlas bajar. Mientras desarmábamos el campamento, yo mas retrasado que los demás, observe que estaban todos paraditos mirando unos al suelo, otros al cielo, con las manos entrelazadas y actitud respetuosa. Algo raro me pareció que estaba pasando, de cuando en cuando, mis compañeros me lanzaban mirada de circunstancia con lo que yo, me tome un poco mas de tiempo en hacer mi mochila, no parecía que se estuvieran divirtiendo mucho. Cuando finalmente salí donde todos estaban vi que estaban rodeando a Sandra que, subida en un montículo de tierra daba su bendición a cada uno de nosotros con la Biblia en la mano alzando a ratos la vista para pedirle a su diosito por las almas de estos locos que este le hizo llegar a su morada. A cada uno le tocaba lo suyo, a quien mas bendijo fue a Silvia, ya que no entendía que hacia una mujer entre estos cuatro salvajes, así como no entendía como podía haber llegado desde Bariloche hasta acá por su propio pie (a ella, pese a sus cuarentaypocos años, le costaba hasta subirse al montículo). Así, entre salmos y bendiciones y agradeciendo su hospitalidad emprendimos camino aguantando un poco la risa hacia el rió Chubut, bien abajo de la colina.

El cruce de este rió fue el punto mas critico de la travesía, ya que nos llegaba el rió a los mas altos por la cintura, y a German y Silvia casi les lavaba el sobaco. La corriente era fortísima, estábamos al final del invierno y arrastraba mucha agua del deshielo. Cerca estuvo Silvia de ser arrastrada por la corriente y mandar al garete todas las bendiciones que Sandra nos echo. Yo, por otro lado, al prepararnos para cruzar el rió me di cuenta que me faltaban las gafas de sol, elemento indispensable una vez alcanzáramos de vuelta la nieve. Deje mi macuto y con la ligereza de quien en un instante pasa de pesar 100 kilos a pesar 73, subí corriendo en escasos diez minutos lo que nos costo bajar caminando casi 20. Llegue al lugar donde habíamos acampado, busque por todos lados y al no encontrarlas, me dirigí a la casa donde pregunte a Sandra si habían encontrado mis gafas.

- No, no las vi por acá……pero aguarda un minuto, tú no has subido en vano.

Entro a su habitación y saco un pedazo de papel que resulto ser una oración y me la entrego, haciendo de mí una especie de líder espiritual del grupo. Manda güevos, ¿me servirá esto para no quedarme ciego en la nieve? Pensaba mientras descendía otra vez para encarar el cruce del tremendo rió Chubut.

Una vez cruzamos todos el rió, remontamos este por unos tres kilómetros hasta que llegamos a la casa de los Ramírez, que según nos había contado ….. habían carneado un par de días atrás un ternero. Saludamos y saciamos la escasa curiosidad que sintió el paisano al vernos; en este caso era: Y……van así a pata no ma´? Crusando lo`rio`?

No entendía nada el buen hombre, ellos no caminan 100 metros sin ir en la grupa de su caballo como pudimos comprobar cuando amablemente se dispuso a mostrarnos el camino que subía hasta el paso (como él mismo y nadie mas lo llamaba) de la lenga seca, que abandonaba el valle del Chubut para descender del otro lado del collado a un valle que nos llevaría a la cuesta del Ternero, a espaldas del cerro Piltriquitron. Le compramos toda la carne que pudimos, que coincidía exactamente con toda la que tenía, añadimos ese peso a los armarios y encaminamos nuestros pasos siguiendo al gaucho para que nos mostrara por donde subir. Pensamos que nos iba a acompañar largo rato, ya que se había subido a lomo de su caballo, pero no fueron mas de 200 metros, cuando nos marco la dirección moviendo el mentón hacia arriba con una brevísima explicación: Ahí pa`rriba no má!!

Agradeciendo a Ramírez con un fuerte apretón de manos (acá en el campo, al contrario que en el resto de la Argentina, los hombres no se besan) empezamos la empinada subida para el paso.
Donde acabáramos durmiendo esa noche ya no era tan importante, el que ya era objetivo principal, la comida, estaba cubierto. Así que pasamos la lenga seca, que efectivamente allá estaba y descendimos para meternos en otro valle que, tras una breve subida, comenzó a descender lentamente. Era un camino largísimo, ya teníamos claro que no llegábamos ese día a la cuesta del Ternero, además, quien tenia prisa con un pedazo de ternera y otro de chivo en el macuto…? Solo necesitábamos encontrar un sitio con agua y leña. Más de dos horas tuvimos que caminar hasta encontrar lo que buscábamos. Rápidamente armamos el campamento y el fuego, tomando unos mates mientras preparábamos la carne a la parrilla ingeniándonosla con unos palos verdes y pedazos de alambre que encontramos.

Después de desayunar seguimos camino valle abajo hasta llegar a la cuesta del Ternero, donde ya veíamos claramente el imponente cerro Piltriquitrón que teníamos que atravesar (no sabíamos bien por donde) para llegar al Bolsón. Hicimos una parada y, mientras Silvia se quedo con las mochilas, los otros fuimos a un pequeño almacén, que se separaba unos dos kilómetros de nuestro camino, para avituallarnos. No tenían muchas cosas, prácticamente nos llevamos todo lo que tenían comestible amen de unos cuantos litros de cerveza que nos cayeron tan bien que nos obligaron a una rica siesta a orillas del rió.

Cuando nos despertamos comenzamos a avanzar hacia el Piltri, sin saber por donde entrarle, íbamos preguntando a todo el que nos cruzábamos. La mayoría encogía los hombros como si le estuviéramos pidiendo resolver algún oscuro enigma de física quántica. El que más aproximo una respuesta que nos pudiera servir fue un señor de avanzada edad al que pregunto Víctor:

- ¿Sabe usted si vamos bien por acá para subir al Piltri?
- Siiiiii, por acá subió gente yaaa. El doctor…..estuvo por acá subiendo al Piltri.

Tócate los cojones….., el doctor tal fue una especie de pionero del montañismo allá por los años 50, pero el señor debía andar un poco perdido en el espacio-tiempo porque nos lo decía como si hubiera sido ayer. Agradecimos al paisano mas la intención que la información que nos suministro, y nos dirigimos valle adentro buscando alguna senda que nos hiciera junglear lo menos posible. Y es que junglear en estas latitudes a estas altitudes es realmente temible, mas cuando uno lleva semejante compañero adosado a la espalda, que no solo te hace mas pesado sino que aumenta tu envergadura y tu altura considerablemente. De a poco, el bosque se hacia mas espeso, abandonando el de transición para dar paso a los radales, coihues, cipreses, la punzante rosa mosqueta y sobre todo la temida e infranqueable caña colihue, una prima hermana del bambú que a poca altitud (como los 300 metros s.n.m. a los que habíamos bajado) cierra todos los espacios posibles de avance en los huecos que dejan los árboles entre si. Anduvimos relativamente bien encontrando senderos hasta llegar a un lugar que nos pareció bueno para el acampe, donde dejamos los macutos e inspeccionamos monte arriba para intentar encontrar continuidad a nuestro camino al día siguiente. Nos alimentamos bien ya que nos habíamos avituallado poco antes y dejamos que se extinguiera nuestro fuego antes de irnos a dormir en la que esperábamos, fuera nuestra última noche de travesía.

Comenzamos a caminar el día siguiente con la ilusión de estar a punto de alcanzar un objetivo que en mas de un momento vimos casi inalcanzable, aunque con el temor del jungleo, ya que teníamos que llegar a la línea del final del bosque, que nos permitiría volver a calzarnos los esquíes pero quedaba a unos 700 metros verticales. Poco a poco, ya sin sendero, pero eligiendo bien la dirección, fuimos ganado altura rápidamente hasta llegar a la nieve. Nos íbamos a calzar las botas por ultima vez, esas botas que a Silvia le hacían emitir unos gemidos y unas blasfemias que eran escuchadas en kilómetros a la redonda. Pegamos las pieles de foca y, ya en bosque bien abierto nos encaminamos al oeste buscando un collado por el que pasar al otro lado del Piltri. Era un día caluroso de final del invierno, dos factores a tener muy en cuenta cuando caminas por la ladera de una montaña, ya que en las numerosas hoyas que teníamos que atravesar había indicios de pequeñas avalanchas de nieve primavera (las peores) por lo que las cruzábamos rápidamente y de uno en uno.

De repente, ahí se divisaba, no muy lejos, el collado que nos permitía cruzar el otro lado del imponente Piltriquitrón. La sonrisa se nos empezaba a escapar sola, nos mirábamos los unos a los otros con los ojos brillantes y esa entupida mueca en la boca que mas daba la impresión de que nos hubiéramos fumado cuatro porros. Acelerábamos la marcha como si no lleváramos ningún cansancio acumulado, subíamos y bajábamos para hacernos fotos. Estábamos con los nervios propios de un niño que se despierta el día de reyes para abrir ojiplatico sus regalos.

Y ahí fue que llegamos, mirábamos a un lado y otro del collado. De repente, el Bolsón, que es un pequeño pueblo, se nos asemejaba a una gran urbe, viniendo de donde veníamos. Nos abrazamos, nos reímos y, sin mucha mas dilación, despegamos pieles y bajamos esquiando hasta el refugio del Piltri. Allá nos recibieron, esta vez si, con curiosidad, los refugieros, una pareja de jóvenes hippies Bolsón-style con un simpático bebito al que tanta ropa que llevaba le hacia parecer que por cabeza tenia un guisante. Los ojos bien abiertos, mirando con la curiosidad con la que un bebe observa un perro moverse inquieto por la habitación de un lado a otro. Y es que, incluso al lado de sus padres, dos hippies que Vivian en la montaña, parecíamos mas animales que personas, el olor que despedíamos ya no era tanto de humano como de alimaña. Nos movíamos por todo el refugio, gastándonos bromas mientras saboreábamos la cerveza que allí mismo hacían los refugieros, sacándonos fotos y riendo de cualquier tontería que nos pasaba por la cabeza mientras esperábamos las pizzas que estaban allá mismo amasando.

Una vez acabamos las pizzas y las cervezas descendimos con nuestros pesados bultos hasta una plataforma 30 minutos mas abajo donde nos esperaba un compañero de la DPA de German, que subió a recogernos en una cómoda camioneta 4X4 cuando nuestro ingeniero jabalí le telefoneo desde allá arriba. Poco a poco, según íbamos bajando hacia el Bolsón, nos íbamos dando cuenta de algo que siempre te pasa cuando estas un tiempo asilvestrado. Hueles mal, de hecho, apestas!! No es que te des asco, pero te percatas del rechazo tanto visual como olfativo que vas a producir en aquellos desventurados que se te crucen en el camino. Y es que, como dice Silvia (que tanta risa provoco siempre en aquellos que no lo entienden), en la montaña no se huele…. En realidad apestas tanto arriba como abajo, después de tantos días obviamente sin una ducha, con la misma ropa y sudando debido a la actividad física diaria. Quien no olería? Lo que es curioso es que cuando tu bajas del monte así, antes de cruzarte con un humano que salio a pasear ese día, antes incluso de verle u oírle, le hueles, no huele mal, solo huele, a lo que hoy huelen las personas, a jabón, champú, a suavizante de ropa. Cuando estas viviendo entre personas no lo notas, solo percibes el olor de alguien si se le rompe ese escudo desodorante. Así hemos ido educando el olfato desde pequeños. El caso es que cuando empiezas a estar rodeado de humanos limpios` empiezas tu mismo a oler el pestuzo que arrastras, y nótese que hablo de el Bolsón, que, para los que no conocen este pueblo, nada tiene que ver con una ciudad o pueblo al uso. Un lugar donde lo normal es ser hippie, artesano, horticultor orgánico, vegetariano o rasta-costra….o todo junto. El caso es que a lo que menos huele si paseas por su bonita plaza el día de mercado es a champú o loción de afeitado, de hecho no se me ocurre peor negocio que una sala de cosmética en este lugar.

Pues aun con todo esto, al recogernos el simpático amigo de German allá arriba, mientras bajaba la ventanilla de su lado para poder sacar por ella la nariz, nos decía:

- Cheeeee, hasta del Bolsón les van a echar!!!! Dios Santo.

Aun así, fuimos aceptados en el autobús que nos llevaría de vuelta a casa, en solo dos horas. Era un cómodo vehiculo con mucha amplitud entre los asientos (por suerte para los demás viajeros) ya que era de los que luego van en 23 horas hasta Buenos Aires. Ya ahí, encerrado y rodeado de personas nos dimos cuenta del alcance de la bomba fétida que éramos…por menos que esto empezaron guerras, arguyendo algo acerca de armas químicas o que se yo….ni idea tenían de lo que es eso!!. Además, Víctor, que ya no podía mas con las zapatillas puestas (tenia dos ampollas en lugar de pies), se las saco. Eso hizo que las cabezas empezaran a levantar las puntas de sus narices olfateando en el ambiente algo tan rancio que todavía no podían creer que viniera de un humano. Un chivo muerto del año pasado huele mejor. Poco a poco todas las cabezas fueron enfocando al epicentro de este odo-moto, nosotros, y una vez identificado, varias señoras echaron mano dentro de su bolso para sacar unos frasquitos que, disimuladamente, enfocaban hacia nuestro escudo pestilente y descargaban al unísono. Peor el remedio que la enfermedad, esos perfumes todos mezclados entre sí y con el pestazo nuestro lo convertían en el peor de los olores del mundo. El fuerte perfume hacia que el mal olor se quedara instalado definitivamente en las glándulas olfativas de todos los pasajeros. Así fue que montamos unos 40 pasajeros en el autobús y bajamos 40 cadáveres dos horas después en Bariloche. Por el olor, al menos, se podía pensar que éramos todos cadáveres perfumados en avanzado estado de descomposición….era un asco.

Así fue como llegamos de vuelta cómodamente a la que ya consideramos nuestra casa, este lugar en el corazón de la patagonia en el que, aun viviendo sin prisas, se suceden mas acontecimientos y aventuras que en el resto de nuestras vidas. Aca fuimos recibidos por Nino, nuestro gran amigo pelado y por María, nuestra novia, quien pese a nuestra pestilencia no dudo en darnos un abrazo del que, debido a nuestra mugre, nos costo despegarnos. Y así llegamos a nuestro hogar, pensando en lo bien que nos había ido todo e imaginando cual será la próxima aventura. Es tan grande la Patagonia, tanto por descubrir, tanto por escalar, tantos lagos que navegar, que necesitaremos unas cuantas vidas para empezar a conocer algo; de momento aprovecharemos y exprimiremos esta que, por suerte que no sin esfuerzo, nos hemos labrado.

viernes, 30 de enero de 2009

Para qué comerse la cabeza

En Bali es costumbre poner los nombres a los niños siguiendo un orden. El primogénito recibe el nombre de Wayan, Gede o Putu; el segundo se llamara Made, Nengah, o Kadek; el tercero Nyoman o Komang, y el cuarto Ketut. Después comienzan de nuevo: así los niños quinto, sexto, séptimo, octavo y noveno se llamaran Wayan, Made, Nyoman, Ketut y otra vez Wayan respectivamente. Para ayudar a diferenciarlos reciben un segundo nombre. Y para diferenciar el sexo, los chicos reciben una "I" antes de su nombre, mientras que a las chicas se les pone "Ni" antes del suyo. Ni Nyoman Puspa Dewi sería entonces la tercera (o la séptima) hija; I Ketut Yulantaria sería el cuarto (o el octavo) hijo. Lo dicho, para qué comerse la cabeza, que no?

miércoles, 10 de diciembre de 2008

EL GERENTE 3

(continuación del EL GERENTE y EL GERENTE 1)
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Un charco como el que había a los pies del propio Pascual. Al salir del baño, a Pascual le entraron ganas de bailar. Vertió al suelo media cerveza tras un riff guitarrero de cadera inverosímil. Giro distorsionado que destrozó su sacro, su coxis, su tronco de Elvis lesionado. Fue entonces cuando Pascual entendió que 90 grados pueden ser una forma de vida. Confundido salió del local con la cabeza por delante. Como un sprinter que busca su foto finish. Empujó la puerta con la testa mientras tecleaba el número de urgencias.
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-"Estoy jodido"- acertó a decir al sanitario de turno.
-"¿No se puede incorporar, dice usted?" -interrogó el residente
-"Me ha crujido la cinturaaaaaaaaaa, joder!!!"
.
El grupo seguía con su repaso a la historia del rock. Y Pascual supo que la suya había terminado. Doblado hacia el suelo, suicida, como Groucho sin puro, recordó los años de tiesa compostura. Cuando su porte porteño abría las puertas de cualquier after. Sus años de triunfo nocturno. Cuando no se le resistía fondo de bar alguno. Ni baño mugriento de bombilla desnuda. Ni cisterna rota a disparos.
Pascual era un desgraciado. Pero del grupo "felices sin gracia" . Aprendió a entrar de culo en los ascensores. A entrar de culo en los bares. A entrar de culo en los conciertos. A vivir de culo. Y de tanto fijarse por la calle se convirtió en un experto en charcos. Estudio los de lluvia, los de camión cisterna, los de meadas...pero le gustaban los de cerveza. Hasta que se le cayeron las gafas...

domingo, 2 de noviembre de 2008

Llueve en Hanoi

Cuando yo estuve allí, llovía, pero nada que ver con esto... La Pulgui me manda estas fotos y yo no puedo hacer otra cosa que preocuparme, con lo chiquita que es ella!!! Y seguro que no metió la barca hinchable en la maleta, y mira que se lo dijimos!!!!

miércoles, 1 de octubre de 2008

Perdón, pero necesito ser la princesa

"La chica que tenía un interrogante sobre su cabeza

Sólo renombro las cosas si me viene a bote pronto. xxx era la "sultana" porque hablaba como Paco Rabal en Juncal; xxx era la "Queen of the Nilo" porque me lanzó un envite por la zona; y xxx era la "PIN", a secas, porque sólo su apellido definía a la perfección el hechizante código indescifrable que componía su tablero; porque a veces, si dabas con la clave, podía abrirse el mundo más completo; tierna y llorona y dura como la piedra; carcajeante y pausadamente elegante y fiera en la discusión; el mejor culo del mundo y el alma (pura) de rock and roll; respetuosa y sincera y sí, como decía, ahora, hoy, ayer y antes de ayer, me la imagino con su mirada curiosa y su gesto calmo, casi fijo, rodeado de un halo de tristeza inteligente y con el interrogante, ése eterno signo interrogante, flotando sobre su cabeza, melena lacia tan (poco) rubia, como la rubia más rubia entre todas las rubias."

Gracias ra

viernes, 5 de septiembre de 2008

cómo nos gustaría estar en Santiago de Chile!!!


INVITADISIMOS TODOS A ESTE DEBUT ESPERADO... LOS 'HOWLERS' POR FIN EN VIVO..... Esta es mi banda de surfing-punk + garage-dancing. HEAKING AND DANCING. TE ESPERAMOS.
SALVADOR.

miércoles, 20 de agosto de 2008

NATY

Contigo es la debacle nena. Con vos si que veinte años no es nada, ni cien...
Tentaste a la suerte y yo estoy agotado cielo, estoy agotado.
Todas esas rabias que parecieron amarse, esas crueles compañeras, niña, todavía suenan blandas al nombrarlas. Esas risitas crueles, esos cascabeles hipócritas que me juntan el miedo y el asco en el estómago.
Según tu tesitura la poesía es un lugar demasiado importante como para adorarlo asiduamente,
y todo el que sueña debe volar lejos y mantenerse a distancia.
No elegiste al del corazón mas grande sino uno a la medida de tu amor. A la medida de tu
cabeza de burbuja, que juega ensoñadora. Y que lindo es el amor y que peligro, si soltás los
blindajes de la farsa y salís a ser persona.
Y esa caravana que soñamos nena, atravesando el desierto. Esas tormentas de arena cubriéndonos en brazos de la madre soñada. La patria del sol es nuestra patria. Sí. Expulsados de
la mente de niña a la primera infamia cegadora, donde el soplo es soplar y hacer botellas.
Si nena. Esas botellas verdes con navíos atrapados. O con mensajes dentro de los que nunca fueron hallados. De los que nunca encontraron con quien caminar. Esas botellas para ahogar en alcohol las noches de la cólera...
Estirás el brazo hasta el vaso de cerveza y tu mano no logra asirlo. La distancia es tan larga que te fallan los mandos. Entonces te dás cuenta: la realidad te abandonó en la arena con tu mensaje adentro. Y ahora quién vería dentro tuyo? Quién se tomaría el tiempo y la paciencia para escarbar y encontrarte? Quién va a acercarse a escucharte?...
En lo profundo de tu ser, el tallo de una voz coordina esos esfuerzos kilométicos en busca de la luz. Un cometa hacia la cima de tu lengua, abierta en una rosa con un mensaje dentro.

Gracias por dejarme compartir su espacio! Beso grande a Lauri!
TINCHO

sábado, 19 de julio de 2008

Mentiras

de : Nico Garcia nico@tallerdeprensa.es
fecha: 19-jul-2008 0:55

asunto: Mentiras

Os quiero a ti y al bombón que llevas dentro...

miércoles, 9 de abril de 2008

mudaka


Ya sé que no he mandado fotos pero os aseguro que hasta hace poco no he tenido ánimo de coger la cámara. No soy un artista ni un flipado, pero se nota y aunque parezca raro, no tenía ganas. La cosa mejora y con ello las ganas de coger la maquinita y ponerse a pensar. Gran noticia para mí claro. Javichu desde lejos.

martes, 18 de marzo de 2008

¿que has dicho qué?


Lo que más le extrañó a mi padre de Londres fue que hubiese tantos mendigos húngaros. "¿Y por qué sabías que eran húngaros, papá?", le pregunté sorprendido por aquella repentina focalización de la pobreza. "Coño, porque en los carteles habían escrito: 'I'm hungry'". Cabe aclarar, para salvaguardar un tanto el honor de mi viejo, que es un hombre imaginativo y que en sus tiempos era francés lo que se estudiaba en los colegios.

Así que no me sorprendí, cuando al entrar en una de las mezquitas más antiguas del Cairo, le espetó a mi madre: "Guíller, chus". Lo hizo con el mismo tono canino con el que los humanos lo solemos hacer con nuestras mascotas ("Rumba, plash", "Soda, sit"), mientras uno de los musulmanes que oraban cerca de la puerta nos pedía con gestos que nos quitásemos el calzado (los "shoes") para entrar.

Unos días antes, después de que nuestro barco-crucero atracara en uno de los pueblos que jalonan la ribera del Nilo en su camino hacia Luxor, nos decidimos dar un paseo por el lugar. Aunque eran muchos los barcos que descansaban en la orilla, parecíamos los únicos occidentales decididos a curiosear por las calles sucias y desiertas del pueblo. Nos entretuvimos saludando a algunos niños que nos salían al paso y que indefectiblemente nos pedían "money" (una palabra que parece un conjuro en los países del Tercer Mundo) después de darnos la mano. Que al principio es divertido, pero después de 100 críos, a uno se le mete dentro la Duquesa de Alba y le da por recitar: "¡Qué coñazo de vida, qué pesaos son los pobres!". Caminábamos pues, esquivando sonrisas, cuando se nos acercó un policía negando con la cabeza. Los "maderos" egipcios llevan una chaqueta negra que está hecha de un material a medio camino entre el esparto y el fieltro. Nada más inadecuado para un país que tiene bien ganada la fama de ser uno de los más calurosos de la Tierra. El tipo parecía decirnos en plan Muchachada Nui: "Pero almas de cántaro, ¿qué hacéis vosotros, tan blancos, por estos andurriales?". A continuación movía la mano, en un gesto inequívoco de que le siguiésemos: "Yo os sacaré de aquí". "Nadie te lo ha pedido", pensábamos nosotros. Cada vez que se cruzaba con un lugareño le sonreía con autoridad y cierta complicidad también como aclarándole: "Mira, son mis blancos". Cuando llegamos hasta los barcos, la única zona en la que para él podían estar los occidentales, nos miró y dijo una palabra que nosotros, tan españoles y tradicionalmente libidonosos, entendimos como "hachís". "Amos no me jodas", dije, "el cafre este nos trae de vuelta aquí y encima nos ofrece costo". "Hachís", repetía nuestro intrépido guía con una media sonrisa. "No drugs, macho", le dije mientras abordábamos la pasarela que conducía a nuestro barco y nos hacíamos los europeos indignados. Un rato después fue el guía (oficial) el que nos aclaró que lo que el policía nos solicitaba era "bagsis", dinero. "Nena, esto ya lo he vivido", y ella pronunció dos palabras que me volvieron, meses después, a dejar petrificado: "Juan Rupis".

A la primera azafata que nos dio la bienvenida al avión que nos llevaría desde Luxor a El Cairo le preguntamos que quién había ganado las elecciones: "Los socialistas", nos aclaró con el mismo tono fúnebre con el que se anunciaba la llegada de la peste a las ciudades del medievo. "Ah, entonces hemos ganado", le cortó el pasajero que venía detrás de mí. Después, cuando llegamos al hotel, y encendimos la tele vimos como en una de las comparecencias Ángel Acebes decía la frase más críptica, más "jeroglífica" que se haya oído en nuestro país (o en otro) a un político: "El PP no es partido de fulanismos". En mi opinión (y sé que aunque no lo digáis en más de una ocasión lo habéis pensado) Acebes, aunque haga de todo para disimularlo, está bastante bueno y estoy seguro de que más de un miembro de la comunidad gay de Chueca se masturba pensando en él. No os molestéis, ya lo hice yo por vosotras: Se usa para aludir a alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar. Aunque según la Real Academia de la Lengua, el quinto significado de fulanoa es prostituta. Eso es lo que quería decir el angelito: "Los peperos no somos unas putillas".

El taxista que nos paseó por El Cairo respondía al nombre de Mohammed Mohammed, como si con una vez no fuese suficiente (imagino que sabréis que Mohammed es el nombre original del profeta que en español conocemos como Mahoma), y tenía en la frente la dureza, el callo de los muy fervorosos, de los musulmanes que llevan desde pequeños golpeándose la frente con el suelo al rezar. Y siempre acabas sacando la misma conclusión: ¡Qué bobos los hombres y qué estúpidas sus religiones!".

Así que rosas, un consejo, sed fulanas, fulanead.

viernes, 29 de febrero de 2008

Juan Rupis


Sobre el número 6: Sólo el 6% de las mujeres indias están a favor de las relaciones sexuales antes del matrimonio. Además ya sabéis que en India las uniones son concertadas, que son los progenitores los que eligen a tu futura pareja. Por otro lado, los gobiernos indio e israelí han llegado a un acuerdo por el cual los ciudadanos del segundo país pueden estar un máximo de 6 meses en el primero y después no pueden regresar hasta los 3 años. Por aquí se escucha de todo sobre esta noticia. La mayoría pensamos que el gobierno judío considera que son demasiados los jóvenes que abandonan su país después de terminar el servicio militar (tres años para los chicos y dos para las chicas) y pretende que si se van --puede que a día de hoy haya más de 100.000 israelíes entre India y Nepal-- al menos no lo hagan por tanto tiempo.

Tú eres lo más lindo de mi vida.
Aunque yo no te lo diga.
Aunque yo no te lo diga.

Si tú no estás no tengo yo alegría.
Yo te extraño de noche
yo te extraño de día.

Yo quisiera que sepas,
que nunca quise así.
Que mi vida comienza cuando te conocí.

Tú eres como el sol de la mañana.
Que entra por mi ventana.
Que entra por mi ventana.

Tú eres de mi vida la alegría.
Eres sol de mis noches y la luz de mis días, yea.

A veces pasa, se mete una canción en la cabeza y aquello dura días.

Es extraño también, llegar a un lugar y ser bautizado. En Bundi, un pueblo de Rajastan, me cambiaron el nombre. No fue algo que llegara de sopetón como la amnesia, como si doblases una esquina y la acera se fagocitase tu personalidad, sino más bien fue una amnesia progresiva, lo que en Alemania llaman Alzheimer. Veréis, llegue como siempre a la estación de autobuses, pensé lo que suelo cada vez que llego a un sitio que no conozco en India: "La que tienen aquí lía” y me puse a caminar. Hasta aquí todo normal. El primer niño con el que me cruce, miro hacia arriba para encontrar mis ojos, y dijo: “¡Juan Rupis!” Vaya, pensé, esto como cuando escuchas alguna canción en ingles o en otro idioma y te parece que inopinadamente una de las frases la dicen en español. Continué caminando, pues. Cuando llegue al hostal estaba un poco cariacontecido, el dueño me pregunto que si estaba fatigado (las temperaturas en Rajastan superan a mediodía los 30 grados) y yo preferí no contarle que dos críos más se habían dirigido a mi utilizando el mismo nombre que el primero. El último de hecho, tuvo la delicadeza de preguntar: “¿Juan Rupis?” (“¿Eres Juan Rupis?”, entendí yo). Y pensé lo de Matías Prats después de ver el segundo avión estrellarse contra las Torres Gemelas: Aquello no era casualidad.

Después de darme una ducha de agua fría y comer algo, me fui a dar un paseo por las estrechas callejuelas de aquel pueblo en el que la mayoría de las fachadas de las casas están pintadas de vistosos colores. El primer niño que me cruce, nada, el segundo, tampoco, pero, ay, el tercero, ese mamón, insistió. Como no había nadie a nuestro alrededor estuve a punto de preguntarle mientras le agitaba el brazo de puro nervio: "Mamarracho, ¿cómo que Juan Rupis?". Pero me contuve, claro. Al fin y al cabo mejor era aquello: Al menos no se dirigían a mí por el diminutivo como a Arturito --lo que me pareció que denotaba cierto respeto-- y, al contrario que con Siprisio se dignaban a acompañar el nombre del primer apellido --lo que ya me pareció el colmo de la distinción--. No me dormí hasta las tres de la madrugada. Al día siguiente los acontecimientos se desarrollaron de manera parecida; niños que se me acercaban y repetían las dos dichosas palabras. Esta vez hubo alguno que tuvo hasta la desfachatez de extender la mano en mi dirección y después hacer el gesto manirroto, el que hacían los personajes gays en las pelis de Esteso y Pajares. Me metí en un pequeño bar, en algún sitio me tenia refugiar, y pedí un 'chai' (un te con leche).

Al ir a pagar le di un billete al camarero, este lo miro y me dijo: "You have to give Juan Rupi more". "What?", le espeté. "That you have to give Juan Rupi". Y entonces caí: Le tenia que dar una rupia ("one rupee"). Así que lo que los niños tan insistentemente me pedían era "one rupees". Respire tranquilo, aunque seria mejor decir que respire al fin. Bundi, dejo de ser un lugar pavoroso en el que los niños pretenden hacerte olvidar todo lo que has sido.

Por lo demás, el pueblo respondía a las constantes de la India: El tipo que vendía gafas de sol era ciego, los funerales hindúes iban precedidos por una orquesta o algún viejo me ofrecía rape (la cocaína de los pobres por estos lares). En fin, puro delirio.

Por las noches tenia que elegir entre encender el ventilador y dormir debajo de las hélices de un helicóptero o tener que aguantar las picaduras y los vuelos rasantes --cerca de mis oídos-- de los mosquitos. Si alguno de los dos ruidos me desvelaba --algo habitual-- pensaba en las religiones que menos me gustan, hacia listas: Evangélico para nada (suelen ser antiguos presidiarios o ex viciosos. "Nada peor que un delincuente arrepentido", pensaba. Además, ser evangélico te equipara con Bush o con Condoleeza Rice), ni judío (jodíos, sólo hay que ver los telediarios), después católico (por puro aburrimiento) y después, después, budista (para no tener que contemplar la sonrisa del Dalai Lama). Pensaba también que me gustaba lo del principio, cuando los hombres miraban al cielo y veían al sol y a la luna y quiza las estrellas, luego miraban hacia delante y veían a los animales y después al suelo y sentían la tierra, la Tierra.

Y más cosas: Después de enterarme de que cientos de kilos de carne habían sido tirados a la basura por las condiciones en las que habían sido sacrificados los animales, me preguntaba si realmente somos tan ingenuos. ¿Es que hay todavía hay alguien por ahí que piensa que los animales son 'almacenados' y sacrificados 'humanamente'? ¿Es que no sabemos lo que están haciendo en Auschwitz, en Dachau, en Treblinka, en Buchenwald? ¿Es que no sabemos lo que está ocurriendo en la nave nodriza de V? ¿Para que pensáis que suben a tanta gente y que todos los que suben jamás reaparecen? La historia, como siempre, nos juzgara. Dentro de siglos, si esto sigue en pie, se nos recordará como la generación que acabo con la Naturaleza. ¿A cuanto estará el kilo de merluza dentro de 100 años? A nada, no habrá. Pero después esa carne se tira, como para limpiar nuestras conciencias, de cara a la opinión publica imagino.

Y ya puestos que se puede conocer a los ciudadanos de un país por su forma de conducir. Los indios serian principalmente egoístas, impacientes e intrépidos.

Me levantaba fatigadísimo claro.

Me fui de Bundi. ¿Que podía hacer? (Ya había recuperado mi identidad). No sin antes vivir un par de situaciones curiosas al comprar un cortaúñas.

Llegue a Pushkar, que es como la Casa de España en India (tal es el número de nuestros compatriotas que pasea por sus calles). Este pequeño enclave, que se construyo alrededor del lago en el que Brhama (uno de las deidades mas importantes del hinduismo), es conocido en todo el mundo por la Feria del Camello, que se celebra durante la luna llena del mes de noviembre. Es uno de esos lugares tan sagrados que no se come ni carne, ni derivados de los animales, tipo huevos o queso. Me hospede en un hotelillo a orillas del lago. Por la noche, de alguno de los cientos de templos que hay en el pueblo, me llegaban los sonidos de los tambores o los cánticos de alguna de las innumerables 'puyas' (ofrendas) que se realizan durante las 24 horas del día. Menuda verbena. Parecía la Feria de Sevilla versión 'religión mix'.

Dentro de la ciudad y por los alrededores viven 'locales' que por sus atuendos y por su físico te hacen darte cuenta que Rajastan es la región de la que provienen los gitanos. Y que te miran a lo ojos, con esa intensidad de la que sólo son capaces los indios.

Rosas, aquí termina esta esquela de calor, secuela de color.

jueves, 21 de febrero de 2008

Abracadabra


Antes incluso de que hubiese bajado del autobús, ya me abordaban gritando y moviendo los brazos como brokers de Wall Street algunos indios que me ofrecían agua, alojamiento o llevarme al Templo de Oro en su rickshaw. A duras penas conseguí ponerme la mochila y bajarme de aquel trasto. Salí de la estación seguido por aquella incomoda comitiva. Pasados unos segundos y rememorando al Angel Cristo de aquellos maravillosos años, me di la vuelta y les grite: "Atrás, atrás". De repente se hizo el silencio, pero en un lugar tan vociferante e indiscreto como India los silencios duran un instante. Aún así, conseguí deshacerme de ellos (no acudáis a manuales de autoayuda, este es el país en el que se aprende a decir a NO) mientras recordaba aquella canción de los Doors: "People are strange when you're stranger, faces look ugly when you're alone".

Amritsar es una de esas ciudades en las que parece acumularse toda la inmundicia del mundo. Una de esas urbes en los que los hombres orinan en cualquier lado. Lugares ruidosos y polvorientos (de hecho está situada a unos 30 kms de un país, Pakistan, que a día de hoy es la definición perfecta de polvorín) en los que de acuerdo con los gestos de extrañeza y los codazos que se daban unos a otros al verme yo parecía ser el primer blanco que pisaba la ciudad en años. Cansado de cunetear me acerque a un rickshaw y le pregunte al conductor -un chico que en Islandia no pasaría inadvertido- que cuánto me cobraría por llevarme. "50 rupias". Y aunque sabía que me estaba pidiendo más del doble de la tarifa normal, la forma en la que me miraba y su sonrisa parecían sugerirme: "Venga, ya sabes que te quiero engañar, pero no jodamos el momento".

Así pues, seguí caminando y llegue finalmente al Templo de Oro. Lo primero que me sorprendió fue que servían comida gratuita (después me enteraría de que dan más de 30.000 al día) y que te podías hospedar siempre que al marcharte dieras un pequeño donativo. Normalmente la primera palabra que oyes al traspasar la puerta de cualquier lugar sagrado (sea cual sea la religión) es Dame, así que no estaba mal sentir un Toma por parte del Dios sij.

Mientras que Colon volvía de su primera travesía americana, los musulmanes y los judíos eran expulsados de España y Lutero, por fin, denunciaba con la Reforma la corrupción y los desmanes de la curia católica, en el norte de India, un comerciante que la historia conocería como el Guru Nanak creaba el Sikismo. No le satisfacía el sistema de castas hindú ni la intolerancia del islamismo. Así pues, fundó la que por número de fieles es -después de estas dos, del budismo y el cristianismo- la quinta religión de la India -con unos 30 millones de seguidores. Como curiosidad, los sijs no deben cortarse el pelo ni la barba (es impresionante ver a algunos niños de 15 años que tienen el pelo tan largo y el aspecto de El Drogas, aquel guitarrista de Barricada), deben llevar un cuchillo (que denota valor) ornamentado, pulseras de acero y pantalones pirata. Tienen prohibido -sobre todo- fumar y el adulterio.

Si todo esto os parece delirante, pensad que los budistas tiene la obligación de hacer 111.111 genuflexiones (juntar las palmas de las manos al lado de la cabeza, arrodillarse, tumbarse boca arriba y poner la frente en el suelo) antes de morir. Vaya, es como si yo fuese a cualquiera de los centros de ocio de Madrid -igual me da el Retiro que el Kinepolis- y a la primera muchacha que viese caminando sola y despreocupada le espetase: "Señorita, tiene usted que hacerme 37 felaciones antes de que termine el año". ¿Por qué 111.111? Pensad también que cada vez que el Dalai Lama muere buscan a su reencarnación y que ya han fallecido 14 Dalais. ¿Pensáis que han acertado siempre? Porque con una vez que se hayan confundido se rompe la cadena y todo el budismo tibetano se va a la mierda.

La zona central del recinto la ocupa el lago que rodea al Templo de Oro. Para entrar te tienes que descalzar y cubrir el pelo. Los fieles caminan en el sentido de las manecillas del reloj. La mayoría de los hombres lleva en la cabeza el turbante por el que son reconocidos los sijs. Así que recorrí el perímetro (que es más o menos de un kilómetro) del lago. Lo hice a las 7 de la tarde, a las 9 de la mañana, a las 11 de la noche e incluso a las 5 de la madrugada. Y mientras andaba, pensaba: "Doy vueltas para saber por qué doy vueltas".

De allí me fui a Chandigar, la famosa ciudad que diseño Le Corbusier en plan funcionalista. Las manzanas (lo que en Latinoamerica se llaman cuadras) tiene exactamente un kilómetro cuadrado. Así que ya os podéis imaginar que no es ciudad para pasear (no es ciudad para viejos, vaya). Como siempre, eran legión los que me abordaban para saludarme y hacerme las dos preguntas de rigor. Country? Profession? Ya me he cansado y ultimamente les digo que soy un policía portugués. Uno de los que se acerco fue un poco más allá y pude ver su sonrisa cuando le respondí que tenía tres hijos, es fácil suponer los problemas que tendrán las autoridades indias cuando se propongan por fin controlar el crecimiento demográfico de su país.

Cerca de la estación de autobuses me metí en una peluquería para afeitarme. Os puedo asegurar que el barbero que me rasuró puso más cuidado al afeitarme que el medico de la Seguridad Social que me operó de fimosis mientras comentaba con uno de sus compañeros lo bien que estaba la nieve en Baqueira. Cuando salí, casi sin tiempo para coger el autobús que me sacaría de Punjab, un chico que estaba sentado con unos amigos en el suelo, me grito: "Eh, you, fuck me, YOU". Y eso, pensé, que la homosexualidad es ilegal en India y está penada con varios años de cárcel.

India, vaya, es puro delirio. Si queréis buscar su sinónimo id a la letra A del diccionario, y leed Abracadabra. Dícese de lo que pone los pelos de punta a los hombres y es capaz de retirar el periodo a las mujeres.

Muchos besos, princesas.

El Rana.

martes, 12 de febrero de 2008

juguemos


¿Sabíais que es falso que durante mas de 250 años la India fuese una colonia inglesa. En realidad el control del país pertenecía a una multinacional afincada en Londres que se llamaba Compañía de las Indias Orientales, y que sobre todo contaba con directivos ingleses, pero también franceses? El control mundial de las multinacionales, como veis, no es cosa del siglo XX.

¿Sabíais que la primera gran protesta contra este dominio, que se produjo a mediados del siglo XIX y que tuvo como consecuencia la independencia de la India en 1948 fue iniciada por los "cipayos" -militares indios- que servían a la compañía cuando surgió el rumor de que los cartuchos que usaban para disparar estaban recubiertos de grasa de vaca y de cerdo (en su inmensa mayoría estos soldados eran hindúes y musulmanes)?

Ya antes de bajar del avión me di cuenta que habíamos llegado a India. El tío que salía detrás de mi del aparato me dio tales golpes en la espalda con el equipaje que pensé que me quería violar. Me tuve que volver y medio gritarle tronco, be careful para que parase en sus acometidas (no son maneras de cortejar a una dama, chaval). Luego en la oficina de cambio de moneda del aeropuerto se intentaron colar dos indios, y la situación volvió a su cauce más o menos de la misma forma.

Después me timaron con el rickshaw que me llevo del aeropuerto a Pahargan. Pero vamos, es casi necesario que te timen al llegar. Lo contrario sería como pretender ir al desierto y no pasar calor. De todas formas, me lo tomo todo con más calma que la otra vez que estuve aquí y no me mosqueo por casi nada (al menos de momento). El otro día, uno de los dependientes de una tienda se puso pesadísimo y comenzó a seguirme. No paraba de hablar y yo pensaba, tú dale, dale, que ya verás como te cansas antes. El caso es que al minuto de andar a mi lado, cambio la expresión y mirándome fijamente a los ojos comenzó lo que por el tono parecía un maleficio.

Es extraño porque en Delhi pase tres de los días más felices de los últimos tiempos. Y digo que es raro porque es de esas ciudades que reúne casi todas las situaciones que pueden sacar de quicio a un occidental.

En el hotel que nos hospedamos la otra vez había un dogo argentino que pertenecía al dueño. Cuando pregunte por él, me dijeron que había muerto. De extrañeza, supongo. Un animal tan solemne en una ciudad tan costra, un perro tan grande entre aquellos callejones de mugre.

Lo que me pregunto es si habrá un grupo de empleados del Ayuntamiento que se dedique a recoger cadáveres. El segundo día estuve dando una vuelta de varias horas por la ciudad y vi tiradas en el suelo o apoyadas en la pared a varias personas que probablemente no vivirían mucho. ¿Qué harán con los cadáveres?

Al pasar por debajo de un puente, vi que un chico de unos 13 años estaba tumbado boca arriba y cubierto de harapos. Un ligero temblor le recorría todo el cuerpo y tenia los ojos en blanco. Le miré durante unos instantes y luego pensé en hacerle una foto. Pero no, tú no tienes que ir por la vida como los reporteros gráficos, sacando fotos que servirán como condena o para la llamar la atención del mundo. Así que seguí. Pero después de dar unos cuantos pasos, me volví y saque la cámara de su funda, llegue hasta el lugar en el que el muchacho seguía temblando, me agache, le apunte y finalmente no saque la foto. Es como si en el ultimo instante hubiese sentido que después de disparar el chico fuese a dejar de temblar, simplemente que fuese a morir. Dudo mucho que aquella persona, si es que eso era una persona, viviese más de unas cuantas horas.

De Delhi viaje a Rishikesh, una de las ciudades por las que pasa el sagrado Ganges y que con los años se ha convertido en un parque temático del yoga y alrededores. Es uno de los lugares a los que acuden o en los que se quedan a vivir los babas, los saddhus, los santones. Habían aprendido mucho desde la última vez, cada vez que sacaba la cámara cerca de alguno, me decía money, money.

Deje Rishikesh entre brumas. Eran las 6 de las mañana y los babas se encogían tanto debajo de sus livianas mantas que parecía que iban a desaparecer. Es tan dura la vida de esta gente. Alguna se había levantado y estaba encendiendo una pipa de hahish. Anduve cuatro kilómetros, anduve tanto que me pase la estación. Así que tuve que esperar a que pasase el primer autobús que iba a Haridwar.

Allí compre un billete para Manali. Al lado mío viajaba una indigena que tenia una pendiente de aro colgado de la nariz. Me miraba con una intensidad a los ojos que tenía que retirar la vista. A veces enarcaba las cejas y me apuntaba con la mandíbula. Si hubiese estado en otra situación hubiese pensado que la tía era "camella".

Después de 11 horas llegamos a una ciudad que se llama Shimla y que esta situada a mas de 2000 metros de altitud. Como sólo traía un jersey y unos guantes de lana, mientras esperaba el siguiente autobús, pase un frío de mil demonios.

Eran las tres de la madrugada y viajaba en el bus que me traía hasta aquí. Estaba todo Dios durmiendo cuando de repente empezó a sonar la música a toda hostia. Música india a todo lo que daba el puto aparato. Al principio pensé que el chofer se había equivocado, pero no, la había puesto a conciencia. Los indios del pasaje se reían. Y ni psicólogo ni contar hasta 10. Me levante, me acerque hasta la mampara que separa la zona del conductor de la de pasajeros y le pegue tres hostias al cristal que casi me lo cargo. El ayudante del conductor, que estaba dormitando, se levanto de un respingo, y el conductor estuvo a punto de parar. ¿Qué quieres?, me preguntaba con un gesto. Y yo le conteste en español: Estas loco, cabrón, totalmente zumbado. Después me hizo el gestito este que hacen con la mano. Al final apago la música. Los indios se reían aún más. Vaya país.

Y llegamos a Manali a las 5 de la madrugada. El frió era aún más intenso. Para no pagar esa noche tuve que esperar embutido en el saco de dormir hasta que se hizo de día. Luego me aloje en un hotel del barrio tibetano. Los baños tienen esos retretes en los que te puedes poner de cuclillas. Y, vaya, que a veces parezco una cabra montesa en busca de su gitano.

Hace tanto frío que parece mentira. Además los hoteles no están acondicionados y se pasa peor dentro de las habitaciones que en la calle. Me meto en la cama a eso de las 8 de la noche y no me levanto hasta por lo menos las 9 y media. El momento de desnudarse y meterse bajo el saco y las tres mantas es aterrador. Después tardo más de media hora en entrar en calor. Sí lo sé, tengo que salir de aquí. Mañana me voy para Dharamsala, lugar en el que vive el hermano mayor de Richard Geere, el Dalai Lama. Y luego hacia el sur, hacia el calor.

En el pueblo se está celebrando un festival. Por el escenario de un pequeño teatro al aire libre pasan diferentes grupos musicales y de baile. Lo mismo actúa un chico de la zona con un instrumento local que un grupo de jóvenes hace el playback de una canción de Shakira. Ayer, mientras nevaba, uno de estos grupos que preparan coreografías, cantaba el reggaeton. Esto es más o menos lo que ha pasado hasta ahora.

Cuidaos mucho, mucho, mucho.

El Rana.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Arturito y Sitripio en una noche de plenilunio lisérgica


Hay veces en que un poco de locura lisérgica en plena montaña bañada con una espectacular luna llena, nos da la lucidez necesaria para entender cosas que de otra forma se nos escapan. Es en ese momento y lugar donde culmina este proceso deductivo iniciado ya tiempo atras sobre Arturito y Sitripio, dos personajes por todos conocidos, aunque con otros nombres; R2D2 y C3PO, esa simpatica chatarra espacial que ayudaba a Luke Skywalker y Hans Solo en su lucha contra el imperio del mal.

Todos sabemos acerca de las curiosas y en ocasiones desternillantes diferencias lingüísticas que caracterizan a cada una de las multiples variantes de la lengua castellana, en este caso del que se habla "acá", en la Argentina. Hubo una que llamo poderosamente mi atención, ya que estas diferencias no son casuales, tienen un origen o una razón de ser, y en la que relato a continuación, ni yo, ni mis interlocutores argentinos, habíamos encontrado ninguna.

Es una de esas noches en que los vapores etílicos y el humo cannabinoide hacen derivar la conversación más seria a una sarta de jilipolleces que se solapan y pisan unas a otras convirtiéndolo todo en un sinsentido de lo más divertido y a cuyo origen nadie es capaz de volver.

Como decía, una de esas noches, hablando (creo...) de Madriles y su extraordinario parecido con Chewaka (que a su vez se parece a Madriles, curioso, ¿no?), salio el nombre de Arturito, por el que pregunte pensando que hablaban de otra pelicula: - ¿Quién coño es ese? Grande fue mi sorpresa al explicarme que era el robot que no hablaba, el que emitía esos pitiditos que no le entendía ni Dios. El descojono fue tremendo, que manera de destrozar un clásico del cine. ¿Quién mierda puede tener como ayudante en su nave, mientras ataca la tenebrosa estrella de la muerte, a un robot enano llamado Arturito?

Convengamos que serio, no es, mas parece una broma del doblador. Me imaginaba a Luck esquivando rayos láser mientras se acerca temerariamente para introducirse por uno de los gujeros de esa especie de planeta gruyere, hablando por intercomunicador con su fiel (si una maquina lo puede ser...) robot....... Arturito.

-Pirrrrriiipipliffff-rrrrift uuiu-plas!!

-Repite Arturito, no te he copiado...

Vamos, no me jodas, no es serio.

Una vez me hube secado las lágrimas de los ojos y vuelto al tema, les pregunte por el nombre del otro pedazo de chatarra dorada, que mejor le podían haber puesto rueditas también, ya que caminaba como si hubiera sufrido polio. Me respondieron que este, el amigo de Arturito (y único que le entendia) se llamaba Sitripio. Manda cojones, con ese nombre le veo más en la Iliada al lado de Ulises que luchando con Hans Solo y su ya ridículo amigo Arturito.

Por mucho que nos reímos no pudimos dar con el origen de los que para mí, hasta el momento, eran los leales escuderos de unos valientes humanos elegidos para salvaguardar la paz universal (ahí es ná) derrotando ni más ni menos que al Imperio del mal. Después de esto, no me parecían más que una panda de freakies en unas naves de mierda con un Madriles gigante y una graciosa chatarra como acompañantes.

No fue hasta un tiempo después, concretamente la pasada luna llena, que estando arriba en el monte, bebiendo vino tuneado (con algunas porciones lisérgicas) y enturbiando nuestros pensamientos con humos varios, cuando me di cuenta de dónde sacaron esos nombres.

Volví a sacar el tema de Arturito & Co. y sólo cuando me preguntaron el nombre que se les había dado en España me di cuenta del porque....

-R2D2 y C3PO, el mismo que se les dio en la versión original pero con distinta pronunciación, respondi yo.

Fue entonces cuando me hicieron conexión dos neuronas que hasta el momento no se conocían. Distinta pronunciación, distinta pronunciación, me repetía una y otra vez la cabeza.

C3PO en inglés, sería (fonéticamente) SI-ZRI-PI-OU, lo que a algún doblador duro de oido le podía llegar a sonar Sitripio..... Ahí sí que lo flipe, no me lo podía creer, que pedazo de mamón el tipo que lo tradujo, y seguro que encima le pagaron.

Inmediatamente, antes de perder la lucidez lisérgica me puse a pensar en el otro; -R2D2, erredosdedos, erredosdedos.... AR-TU-DI-TU..... que hijodelagrandisimaputa, no puede ser tan cutre el doblador. AR-TU-RI-TO, ole sus cojones, y tan ancho se quedo.

Y hasta aquí la, para mí, curiosa historia de Arturito y su amigo Sitripio. Y es que a veces hay que comerse un tripi para entender las limaduras mentales de algún curioso personaje como este, nuestro energumeno doblador.

Así que hasta aquí, amiguitas, la ridícula y curiosa historia, y que me dejéis escribir alguna otra boludez.

No olviden tomar mucha luna, y si está muy fuerte, usad algún ungüento lisérgico como protección, que os aclarará las ideas.....

Y recordad, sobre todo, que los chicos os queremos.... azotar!!!!

Salud para todas!!! Un abrazo y feliz 2008

El Rubio

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Tú y las perras de tus amigas

Ansiosas estamos por leer las primeras lineas de esta nueva sección ganada a pulso por un rubio.
Lo conseguiste. Ahora bien, ¿qué tienes que decirnos????